Durante años, buena parte de la transformación digital se concentró en digitalizar procesos, implementar sistemas y automatizar tareas. El resultado ha sido un avance indiscutible en la capacidad de las organizaciones para registrar, almacenar y consultar información.
Sin embargo, tener más datos no significa necesariamente comprender mejor la realidad.
Un informe del Banco Mundial advierte que menos del 1 % de los datos que se generan llega a analizarse y utilizarse, mientras el volumen global de información continúa creciendo de manera exponencial. El problema, por tanto, empieza a desplazarse: no se trata solamente de producir y almacenar información, sino de convertirla en una comprensión útil para decidir.
Una primera dificultad es que la información suele estar fragmentada. Un sistema contiene información financiera; otro, información comercial; otro, los activos; otro, la operación; y otros concentran información jurídica, documental o territorial. Cada uno puede funcionar correctamente y contener datos precisos, pero ninguno ofrece necesariamente una visión completa de aquello que la organización administra.
Cuando los sistemas dejan de representar la realidad
Existe, además, un segundo problema menos evidente: incluso si toda esa información pudiera conectarse, podría seguir describiendo una realidad que ya cambió.
Esto ocurre especialmente en organizaciones que administran territorios, infraestructura o activos físicos. Mientras sus sistemas se actualizan a partir de nuevos registros, reportes o procesos internos, la realidad continúa cambiando.
Una nueva construcción aparece. Un inmueble cambia de uso. Una red se deteriora. Un activo modifica su condición. Surge un nuevo usuario.
Esos cambios ocurren en el mundo real y no necesariamente se reflejan de inmediato en los sistemas.
Una empresa de servicios públicos, por ejemplo, puede tener una base comercial correctamente administrada y no identificar todavía usuarios o cambios de uso que ya existen físicamente. Un banco puede conocer los inmuebles que figuran en sus registros y, al mismo tiempo, no disponer de una visión actualizada de cuáles están ocupados, cuáles presentan riesgos, cuáles se deterioran o cuáles podrían tener un mejor aprovechamiento.
En ambos casos existe información. El problema está en la distancia entre lo que la organización sabe y lo que realmente está ocurriendo.

Observar la realidad tampoco es suficiente
Hoy contamos con capacidades mucho mayores para reducir esa distancia. Imágenes satelitales, aerofotografías, drones, sensores, cartografía y levantamientos de campo permiten observar cambios en el mundo físico con un nivel de detalle cada vez mayor. La observación satelital, por ejemplo, permite comparar un mismo territorio en distintos momentos y detectar transformaciones que difícilmente serían visibles desde los sistemas internos de una organización.
Pero observar no es lo mismo que comprender.
Una imagen puede mostrar que un inmueble cambió. La información geográfica permite ubicarlo. Una base comercial muestra cómo está registrado. Un expediente puede explicar su situación jurídica y la información financiera ayudar a dimensionar su impacto.
Cada fuente aporta una parte de la historia. El valor aparece cuando esas partes pueden relacionarse y construir contexto sobre una misma realidad.
En REALIDAD 5.0 llamamos Inteligencia de la Realidad a la capacidad de integrar distintas dimensiones de información, contrastarlas con lo que ocurre en el mundo real y convertirlas en una comprensión útil para decidir.
No se trata necesariamente de incorporar más tecnología ni de reemplazar los sistemas existentes. Se trata de aprovechar mejor la información disponible, relacionarla con otras fuentes y reconocer cuándo aquello que registramos ha dejado de coincidir con aquello que administramos.
Para quienes toman decisiones, la consecuencia es sencilla: disponer de más sistemas, datos o tableros no garantiza por sí mismo una mejor comprensión.
Quizá por eso una de las preguntas más relevantes para una organización ya no sea cuánta información tiene, sino otra mucho más difícil de responder:
¿Qué tan bien representa esa información la realidad que administra hoy?
Fuentes y referencias


